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MENSAJE
DEL PRESIDENTE
Revista Lila Nº 25 - Enero-Febrero
2000.
La llegada de un nuevo año
significa siempre motivo de alegría y es un momento
propicio que aprovechamos para expresar los mejores
deseos a nuestros seres queridos.
En nuestro país, en la tarde
y noche del último día de 1.999 y en las
primeras horas del día siguiente, hemos podido
apreciar maravillados - a través de la televisión
- de qué maneras en todo el mundo se le ha ido
dando la bienvenida a este singular nuevo año
2.000. Hemos quedado deslumbrados ante el espectáculo
sencillamente extraordinario que se han ido ofreciendo
por riguroso turno de horario en las principales ciudades
y capitales de los cinco continentes del mundo entero.
Así, tuvimos el privilegio de poder observar
por primera vez las celebraciones que se desarrollaron
por ejemplo en Frankfurt, Alemania, Washington, Nueva
York y Disneyworld, EE.UU., Atenas, Grecia, Tokio, Japón,
Toronto, Canadá, Moscú, Rusia, Bangkok,
Tailandia, París, Francia, El Cairo, Egipto,
Río de Janeiro, Brasil, entre otros, cuyas celebraciones
consistieron básicamente en espectáculos
de pirotecnia a un costo multimillonario, como también
hemos podido ver como cientos de miles de personas congregadas
en la Plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano,
recibieron las bendiciones y los buenos augurios del
Papa Juan Pablo II.
Sin embargo, cualquiera que haya
sido el modo de festejarlo el significado o la connotación
en el lenguaje universal era el mismo: despedir al año
que iba cerrando definitivamente sus puertas y dar paso
con alegría é indescriptible optimismo
al nuevo y singularísimo año 2.000 que
venía llegando con su inmenso cargamento de renovadas
esperanzas para todo el mundo.
En nuestro país el festejo
tuvo igualmente lugar no quizás con la majestuosidad
de los fuegos artificiales de otras latitudes, pero
habremos coincidido con todo el mundo en la sana intención
y los mismos nobles propósitos de desterrar para
siempre todo lo malo pasado y aguardar con tremendo
optimismo el desarrollo de los acontecimientos del año
que se inicia. En este sentido quisiera sumarme a quienes
formulan sus mejores deseos y pedir a Dios que sea generoso
en conceder sus bendiciones y gracias a cada una de
las familias paraguayas; particularmente quisiera pedir
por el bienestar de los colegas profesionales, y muy
especialmente por nuestros asociados y sus familiares,
para que desarrollen sus actividades buscando siempre
dignificarse a sí mismos a través de la
práctica decente y honesta de la profesión.
Por todo lo que hemos venido soportando
hasta ahora, nuestro país, vestido de crisis,
se debate en un mar de profundas dificultades en todos
los ordenes – social, económico, político – y es muy preocupante ver que este maremagnum
de dificultades que deviene en toda esta profunda crisis
se debe a que nuestros valores morales y éticos
están tan deteriorados que pareciera como que
todo lo ilícito, lo irregular o lo anormal fuera
ante nuestros ojos absolutamente normal y permisible,
y resulta triste y preocupante ver la absoluta indiferencia
de la gente ante la prostitución de estos aspectos
tan trascendentes en la vida del ser humano.
El año 2.000 que se está
iniciando tiene igualmente un significado muy importante
en la vida de nuestra muy querida Universidad Católica
"Nuestra Señora de la Asunción"
de la que la Asociación de Graduados es uno de
sus estamentos, y es que este año la Universidad
Católica cumple sus cuarenta años de vida
institucional. Con una filosofía de vida traducida
en permanente vocación de servicio y su tradición
de formar a los mejores, durante estos largos años
ha venido asumiendo el rol trascendente y protagónico
de forjar la grandeza nacional mediante la formación
de jóvenes universitarios que han recibido y
siguen recibiendo una sólida preparación
profesional que les permite enfrentar con solvencia
las dificultades y los desafíos impuestos por
las circunstancias.
Como egresados de la Universidad
Católica, tenemos la enorme responsabilidad de
retribuir a la sociedad lo que ella nos ha dado, administrando
nuestros actos de manera que en cada caso sepamos imprimir
moderación en nuestros juicios, coherencia en
nuestros razonamientos y ecuanimidad en nuestros criterios
y por sobre todo con un profundo respeto a los valores
morales y éticos.
Para cada uno de nosotros, los profesionales
de las áreas de contabilidad, administración
y economía, el año 2.000 tendría
que constituirse en un año de inmensas posibilidades
en muchos aspectos y sobre todo de perfección,
de mejoramiento y de superación constante, porque
aunque hayamos hecho bien o medianamente bien las cosas
hasta ahora, definitivamente en este nuevo año
tenemos que ser mejores en todo. y al mismo tiempo brindarnos
con absoluta honestidad especialmente en todo aquello
que nos involucra y que tiene que ver con la administración
del país, si es que pretendemos recuperar para
nuestra patria los valores perdidos, y si consideramos
que nosotros mismos y nuestros familiares y amigos merecemos
gozar de una nación genuinamente honesta y con
dignidad. Depende de nosotros.
Feliz año 2.000.
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