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REFLEXION
FAMILIAR
Revista Lila
Nº 28 - Julio - Agosto 2000.
Nuestra vida personal se desarrolla,
en su mayor parte, dentro del seno de la familia. Es
allí donde podemos encontrar las mayores satisfacciones,
o bien, las mas dolorosas decepciones. Hay que concentrar
la conciencia, en primer termino, en el análisis
del material que nos suministra el entorno familiar.
Las relaciones familiares se rigen
por el amor. El amor puede actuar como catalizador de
nuestros actos hacia el triunfo o, mal entendido, precipitarnos
a la destrucción.
El amor es un intercambio de valores
entre dos personas que deciden acompañarse en
la aventura de construir sus vidas.
Para que haya amor autentico sin
adulteraciones y sin consecuencias funestas, una persona
debe amarse, en primer lugar, a si misma. Reconociendo
sus valores, su capacidad de trabajo, de esfuerzo por
llegar al pleno desarrollo de sus facultades y, por
ende, a la felicidad, podrá compartir libremente
con otro lo mejor de sí mismo, ese otro, debe
responder a los mismos valores. Sólo así
se produce un intercambio que permite una autentica
satisfacción.
Este concepto del amor, que cobra
su dimensión mas gratificadora en la pareja es
evidentemente valido para cualquier relación
con los demás: hijos, parientes, amigos.
Es necesario, por lo tanto, revisar
las autenticas motivaciones que nos han llevado a relacionarnos.
Corregir valores equívocos. Empezar a amarnos
y a amar. De este amor autentico surge un ambiente familiar
estable donde todos los miembros de la familia pueden
contar con el respeto mutuo y la comprensión
que solo es posible entre personas racionales que en
todo momento resultan predecibles de acuerdo con el
razonamiento lógico.
Las personas humanas apartadas de
los conocimientos de la base fundamental del desarrollo
de su propia valoración a través del primer
y fundamental eslabón que constituye la familia
tuvo la necesidad de contar con un modelo de familia
y Dios en su inmensa misericordia satisfizo esa necesidad
constituyendo una familia modelo, valido para todos
los tiempos, donde naciera su propio hijo, Jesús.
Así, pues el Rey de gloria se rebajo para revestirse
de humanidad. Su gloria fue velada, rehuyó toda
ostentación externa.
Jesús se propuso que ninguna
atracción de naturaleza terrenal indujera a las
personas a seguirlo, tan solo, la hermosura de la verdad
celestial debía impulsar a los que lo siguieran.
Los ángeles estaban alerta
para ver como el pueblo de Dios recibiría a su
hijo, vestido con el ropaje de la humanidad dentro del
ceno familiar constituido por José y María.
Los ángeles acompañaron
a José y María en su viaje a Nazareth
a la ciudad de David. Pero en a ciudad de este linaje
real, José y María no fueron reconocidos
ni fueron honrados.
Cansados y sin hogar recorrieron
y no había lugar en la atestada posada. Encontraron
refugio después de mucho andar en el edificio
tosco donde se alojaban las bestias, allí el
salvador había de nacer.
Las noticias colmaron el cielo de
regocijo. Seres santos del mundo de luz acudieron a
la tierra. Sobre las colinas de Belén una hueste
de ángeles espero la señal para declarar
las buenas nuevas al mundo.
Los pastores que velaban en las horas
de las noches hablaban entre sí acerca de la
promesa del Salvador y oraban por su venida. Y he aquí,
se les presentó un ángel del Señor
y les dijo: No temáis, porque he aquí
os doy nuevas gran gozo, que será para todo el
pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David,
un Salvador., que es Cristo el Señor" (Lucas
2: 9 – 10).
Entonces toda la llanura fue alumbrada
con el brillo deslumbrador de las huestes de Dios. La
tierra guardó silencio, y el cielo se inclino
para escuchar el canto:
¡ Gloria a Dios en las Alturas,
y en la tierra paz, buena voluntad
para con los hombres!
¡Ojala que la humanidad pudiera
reconocer hoy ese cántico La nota pulsada entonces
ira engrandeciendo sus ecos hasta el fin del tiempo,
y resonará hasta los confines de la tierra.
El corazón del padre humano
observa el rostro de su hijo pequeño y tiembla
ante el pensamiento de los peligros de la vida. Anhela
escudarlo de la tentación y el conflicto. Para
hacer frente a un conflicto mas amargo y un riesgo mas
terrible, Dios dio a su Hijo Unigénito.
En esto consiste el amor. ¡
Maravillaos, ¡Oh cielos! ¡y asómbrate,
oh tierra!
A pesar de contar con una naturaleza
humana privilegiada y tener un modelo de familia divina,
sin embargo las personas humanas se empecinan por seguir
los caminos tortuosos de la infelicidad permitiendo
la decadencia del hogar, dejándose llevar por
el secularismo que es el ambiente normal en que se desarrolla
la vida de las personas de todas las latitudes.
El secularismo que prescinde de todo
lo religioso o espiritual es consecuencia directa del
desperdicio o la indiferencia total hacia los valores
religiosos, provocado por el endiosamiento de la razón
humana, la ciencia y no la revelación.
Los valores espirituales están
francamente en baja, y han ocupado su lugar los valores
materiales, es decir, El dinero, las comodidades y los
placeres.
Debido a que la generación
que esta trayendo a esta otra nueva generación
descreídas, dedico todos sus esfuerzos y su tiempo
a conseguir esos valores materiales.
Produciendo hogares en ambos padres
han salido a trabajar a fin de conseguir los guaraníes
que hacen falta para amortizar la cómoda casa
que se compro a plazos, mas auto ultimo modelo que hay
que cambiar cada año y todos los artefactos que
hacen la vida placenteras en estos días materialistas
en que estamos viviendo.
Agregando a todo esto el dinero que
se necesita para ir de vacaciones, fiestas, teatros.
Para todo esto es necesario que cada miembro de la familia
trabaje.
¿Qué queda de la familia
en esa circunstancias’ casi nada, es una especie
de hotel donde cada uno sale y entra cuando se le da
la gana o cuando puede, le conviene o necesita. Vida
de hogar, casi nada, los padres prácticamente
no conviven con los hijos y estos no conviven con sus
padres.
De este modo se ha formado una generación
completa de jóvenes que han llegado a la edad
de asumir responsabilidad, sin conocer los valores espirituales
de la religión por una parte, y sin haber recibido
el amor de sus padres por la otra.
¿Podemos extrañarnos
de que exista actualmente una brecha generacional, y
que los hijos, en infinidad de casos, aborrezcan a sus
padres y huyan de sus hogares.
Entonces debemos afirmar que el amor
es un valor espiritual, un valor religioso increíblemente
descuidado por la civilización secularista en
que estamos viviendo.
Las personas no saben lo que es el
amor. No aprendido a amar, porque casi siempre sólo
se aprende a amar en el hogar y como sus maestros naturales,
sus padres, no les enseñaron esa materia, no
saben amar.
¿Puede causar sorpresa entonces
que multitud de jóvenes intenten llenar ese espantoso
vacío con sexo, drogas, promiscuidad, violencia
y crimen? ¿Podemos sorprendernos de que sean
desobedientes a los padres?
Sus padres lo hicieron así.
Son hechura de ellos, puesto que ellos comenzaron por
no tener afecto natural.
Frente a estas realidades es oportuno
reflexionar en el mes dedicada a la familia, frente
a paradigma de la Sagrada Familia.
¿Cómo esta su hogar?
¿participa de la decadencia generalizada que
esta minando en todas partes o es en medio de este desastre
un baluarte de cariño, amor, comprensión
y amistad para sus hijos? ¿Lo esta separando
de ellos la famosa brecha generacional convirtiéndolo
en extraños en su propia casa, o ha logrado usted
a pesar de todo sean sus amigos, confidentes y compañeros?
No hay decadencia en el hogar cuando los esposos se
aman de verdad, pues si eso ocurre, ese mismo amor se
manifiesta hacia los hijos y cuandoostos se saben amados
por ellos, no tienen razón para rebelarse ni
interés en hacerlo.
Nadie huye de un hogar feliz.
Si en su familia existe algunos equívocos
corríjalos y comiencen a practicar la oración
familiar, puesto que una familia que ora juntas siempre
permanecen unidas.
Efraín José Witt Arias
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