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FMI:
¿Amigo o Enemigo?
Revista Lila Nº 30 - Setiembre
2002
Hoy todos sabemos que
el FMI es un organismo que no tiene idoneidad para imponer
políticas a los países que toman préstamos,
que sus recetas son desastrosas para el país
deudor. Sin embargo las sigue imponiendo, sea por incapacidad,
o lo más probable, por orden superior.
Quienes manejamos información de fuentes alternativas,
como el diario Le Monde Diplomatique, o las organizaciones
Attac y CADTM, por citar solo algunas, hace tiempo lo
sabíamos. Recién ahora se publica en los
diarios que llegan al gran público. En una reciente
disertación de Joseph Stiglitz en la Universidad
de Buenos Aires, una asistente preguntó: ¿Por
qué no nos dijeron esto antes?
Y esta estudiante dio
en el clavo: Antes, digo, antes del caos, hablar de
esos temas era tabú. En Argentina los incompetentes
economistas cuidaban que no subiese el Riesgo País,
querían seguir endeudándose, y la campaña
de desinformación tuvo un gran éxito.
Los poderosos contentos, los cadáveres los puso
y pone el pueblo.
Pero hoy nadie puede
alegar ignorancia, tenemos un libro (1),
amén de numerosos artículos (2)
de Joseph Stiglitz, un héroe de nuestro tiempo,
premio Nobel de Economía 2001. Sus antecedentes
son impecables: como docente, como consejero político
del ex presidente Clinton y como Economista Principal
del Banco Mundial. Todos esos antecedentes y su premio
Nobel le permiten informar de las tropelías de
los poderosos sin correr el riesgo de ser asesinado.
Con zozobra veo cómo Paraguay sigue tozudamente
las órdenes recibidas. Todos sabemos que en los
acuerdos con el FMI hay en promedio 111 cláusulas
secretas que se firman a espaldas del pueblo (3).
¿Cuáles serán?
Una condición
explícita, que será dejada de lado, es
la privatización de las empresas de servicio
público, que fracasó por falta de transparencia,
y recibió el golpe de gracia por obra de los
valientes movimientos campesinos. Además porque
los compradores se iban a retirar. Ignoramos si hubo
otras causas..., pero hay una que sí podemos
explicar: Para un país de alto riesgo (Paraguay
no tiene la calificación de el ominoso Riesgo
País, pero sin duda no bajará de 2000
en la calificación de J. P. Morgan, que es la
que habitualmente se usa), eso significa que a la tasa
de interés de los Estados Unidos deberá
sumarse un 20% para compensar los riesgos. En un país
en recesión ninguna empresa de servicios públicos
puede tener esa rentabilidad en dólares, salvo
que cometa fraudes y que les sea permitido cometerlos,
no solo por el Estado sino también por el poder
ciudadano que cada vez se hace más fuerte.
Pero quedan otras imposiciones
del FMI que también son públicas: aumentar
los impuestos y achicar los gastos del Estado. Sin ponernos
a analizar el clientelismo y la corrupción, podemos
afirmar que ambas medidas son recesivas. ¿Qué
significa esto? Significa que la demanda bajará,
junto con la recaudación fiscal. Resultado natural:
entrar en la espantosa espiral recesión –
menor recaudación – aumento de los impuestos,
que ha conseguido poner de rodillas a un país
antes rico como Argentina. Seguir su camino es simplemente
suicida.
También debemos
preguntarnos para qué se van a usar los 200 millones
de dólares. No se van a usar para reactivar a
la economía sino para reforzar las reservas del
Banco Central. ¿Para qué? Para poder pagar
los servicios de la deuda, pero sobre todo para que
no se dispare el valor del dólar. Y, ¿a
quién le preocupa más la disparada del
dólar? Pregunta difícil ya que tiene muchas
respuestas. Hay respuestas inmediatas y justificadas
como el aumento del precio de las importaciones esenciales,
pero no es la única. Le interesa también
a las multinacionales que quieren huir del incendio
que licuaría sus capitales. Esa causa fue fundamental
para el préstamo que recibió Brasil dos
meses antes de la gran devaluación del Real el
13 de enero de 1999. Todo el dinero que el FMI le facilitó
dos meses antes, fue para que las grandes corporaciones
e especuladores internacionales sacasen todo su dinero
antes de la devaluación. El paquete de rescate
de 41.500 millones de dólares organizado por
el FMI fue un complot financiero (4).
El FMI tenía previsto el momento aproximado de
la devaluación. Al asegurar un tipo de cambio
estable durante un período de 60 días
(del 13 de noviembre de 1998 al 13 de enero de 1999),
permitió a los especuladores embolsarse el resto
de sus ganancias.
NOTAS:
(1) J. Stiglitz. El Malestar en la
Globalización. Ed. Taurus. 2002.
(2) J. Stiglitz. Lo que aprendí
en la crisis económica mundial http://attac.org/fra/toil/doc/nroes.htm
(3) Greg Palast. Entrevista a Joseph
Stiglitz. El Globalizador que Desertó. http://www.uruguaytotal.com/especiales/stiglitz_observer.htm
(4) Le Monde Diplomatique, marzo 1999.
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