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ECONOMIA
EXPORTAR
O MORIR: DERRAMAR O MORIR
Alberto Acosta Garbarino
Revista Lila Nº 31. Mayo de
2003.
En décadas pasadas la economía
paraguaya tenía un enorme dinamismo gracias a
los grandes flujos de dólares que ingresaban
al país anualmente.
La cifra de este flujo fue de aproximadamente 4.000
millones de dólares al año, producto de
las exportaciones registradas, de las construcciones
de Itaipu y Yacyretá y especialmente del enorme
comercio de triangulación en la frontera.
Este flujo permitió mantener estable el dólar
por muchos años; permitió financiar las
importaciones que llegaron a cifras superiores a los
3.000 millones de dólares al año; permitió
que el Estado recaudara muy bien y tuviera superávits
fiscales, debido a que su principal fuente de recaudación
son las importaciones, las cuales representan el 50%
del total de los ingresos tributarios.
En esa época el Estado cada año contrataba
masivamente a nuevos empleados y las empresas comerciales
y de servicios repletas de mercaderías y con
buenas ventas, también generaban trabajo en el
sector privado.
De repente ese flujo comenzó a reducirse, las
construcciones de las hidroeléctricas llegaron
a su fin y el comercio de triangulación se fue
achicando, debido a los mayores controles en la frontera
y a la apertura de los mercados del Brasil y de la Argentina
a los productos importados.
Esta reducción de ingresos fue lo que hizo que
la economía paraguaya entrara en una agonía
en los últimos 7 años.
Los ingresos se limitan ahora a las exportaciones y
a los royalties de Itaipu y Yacyretá que en total
están cerca de los 1.500 millones de dólares.
El país ha tenido una reducción de ingresos
de casi un 65% en los últimos 7 años.
Esto hizo que el dólar haya subido casi un 200%
en dicho período; esto a su vez hizo que las
importaciones se redujeran en un 50%, llevando al Estado
a una fuerte reducción de sus ingresos y a un
incremento permanente del déficit fiscal; esto
hizo que en el sector privado se cierren empresas y
el desempleo se incremente.
El Paraguay tiene que entender que se “acabó
la fiesta”, a partir de ahora solamente va a poder
desarrollarse en la medida que se incrementen sus exportaciones.
Nuevo Gobierno
A la luz de que estamos a pocos meses de la asunción
de un nuevo gobierno y que existe en este momento un
equipo técnico trabajando en preparar el Programa
Económico, creo que estas reflexiones, conocidas
por ellos, pueden ser de utilidad.
El Estado tiene que redimensionarse a la nueva realidad
de la economía paraguaya y las políticas
públicas tienen que llevarnos a tener un Estado
activo en el apoyo a las exportaciones, que es la única
vía de crecimiento y progreso que tiene el Paraguay.
Pero aquí también tenemos que hacer un
comentario adicional. Es importante que crezcan las
exportaciones, pero también es importante que
los beneficios de las mismas se “derramen”
hacia los otros sectores de la economía, especialmente
a los sectores populares.
Esta aclaración me parece importante, porque
en este 2003 donde la soja, nuestro principal producto
de exportación, va a tener un año excepcional,
la economía paraguaya tiene pronósticos
de que va a continuar estancada.
En esta cosecha la soja tuvo un incremento de un 10%
en las hectáreas cultivadas, la productividad
de cada hectárea a su vez creció en promedio
un 12% y el precio internacional tuvo una suba del 20%.
Un año espectacular.
Sin embargo se pronostica un crecimiento del cero por
ciento para la economía paraguaya, debido a caídas
importantes en el comercio, en la industria y en la
construcción.
El Estado a su vez va a tener graves problemas para
cubrir su déficit, debido a que las importaciones,
que son su principal fuente de ingreso, van a continuar
deprimidas.
Pareciera que existen pocas “correas de transmisión”
entre el sector sojero altamente productivo y los otros
sectores de la economía.
Es que la soja es un tipo de exportación manejada
en gran parte por unas pocas y grandes compañías
internacionales y solamente son viables en explotaciones
agrícolas de mediano porte para arriba y altamente
mecanizadas.
Por eso las nuevas políticas deben estimular
una mayor industrialización de la soja y apoyar
las exportaciones de productos manejados por explotaciones
minifundiarias, como el algodón, las hortalizas
y las frutas, por citar algunas.
El Paraguay tiene que tomar conciencia de que “nunca
más” va a crecer por medio de obras hidroeléctricas
o por triangulaciones comerciales irregulares y que
el único y duro camino hacia el desarrollo, es
a través del incremento de sus exportaciones.
Para eso es fundamental apoyar a los sectores que son
competitivos, como la soja, pero también es fundamental
que los beneficios se “derramen” a todos
los sectores.
Si esto no ocurre, tampoco esta propuesta va a ser sostenible
en el tiempo.
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