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AUDITORÍAS SIN VALOR
Enrique V. Cáceres Rojas.
encaro@telesurf.com.py
En un reciente diagnóstico al sector financiero, especialistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) han destacado los esfuerzos que viene desarrollando dentro de sus posibilidades la Superintendencia de Bancos (SIB) para ejercer un adecuado control de las operaciones y actividades de intermediación financiera en el Paraguay. Sin embargo, a su vez, el FMI ha alertado sobre la fragilidad del sistema. En 1995, a través de ésta misma columna, en ocasión de la primera crisis del sector abogué por la tercerización de los controles a través de firmas de auditorías externas.
Y la SIB había reconocido que este era el camino para el fortalecimiento de los controles en el sector. Emitió entonces importantes normativas, reguló los servicios de auditorías externas y estableció rigurosos mecanismos de habilitación de las empresas o profesionales que se encargarían de tal función. Así las cosas, la SIB relegó bastante su accionar directo asignando a las auditorías externas mayores responsabilidades en este ámbito. Pero, a juzgar por los resultados, si bien se actuó con criterio de economía y eficiencia no se ha logrado la eficacia en los controles. Algo falla porque normativas y regulaciones sobran.
La supervisión de los controles es acertada según el propio FMI. Pero los resultados muestran otros escenarios. Hasta ahora ninguna auditoría externa, que se sepa, ha podido predecir las crisis sucesivas y las salidas fraudulentas de varias entidades del sistema. En los primeros meses de este año se publicaba el Balance de Multibanco, así como en su momento se hizo lo propio con el Banco Alemán y otras empresas, que al mismo tiempo de contar con dictámenes razonables de auditorías externas, estaban siendo vaciadas ante los ojos vendados de los sistemas y empresas de control.
En teoría los Balances se publican especialmente para conocimiento de usuarios externos quienes en base a su lectura e interpretación deben adoptar las mejores decisiones de inversión y conocer la marcha de la Entidad en la que confían o están dispuestos a confiar la tenencia de sus recursos. Pero cuando consulto con empresarios, sobre su grado comprensión y entendimiento acerca de los Balances y los dictámenes de auditoría externas publicados, casi todos me responden con negativa.
Estos usuarios se consideran neófitos en temas contables y declaran abiertamente que no les resultan pertinentes los productos de éstos servicios que en esencia deberían ser de utilidad pública. En definitiva los controles externos en el sector financiero carecen de valor agregado, no sirven para una adecuada toma de decisiones de los usuarios y lo que es más grave, no se anticipan a los hechos previniendo las crisis. Si llegan, lo hacen tarde y solo para apagar incendios.
La SIB debe efectuar una visión retrospectiva de los controles del sistema financiero, corregir y reorientar los mecanismos. Ha dado un paso importante con las normativas y reglamentaciones emitidas, pero evidentemente éstas descansan sobre supuestos no entendidos o no abordados correctamente por quienes ejercitan la acción de control.
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